
Una noche en el Kami, el lugar para locos responsables
Kamikase, un gran lugar. Gracias a ese pequeño antro de “locos responsables” los viernes por la noche eran simplemente increíbles cuando estaba en mi Cusco. Fue gracias a Arco Iris, un grupo de patitas que tocaban música latinoamericana en varias discotecas del centro, que escuché esta verdadera joya de la música, a la que ellos llamaban “milagro de amor”; la cantaban tan bien que me gustó desde el primer acorde de guitarra, desde la primera estrofa.
Solía ir al Kami con dos o tres amigos con los que compartimos gustos musicales, o a veces también con mi Diosa Coronada, a quien estas canciones le hacían brillar esos ojitos suyos de esa manera tan especial. LLegábamos siempre antes de las 10 – para no pagar entrada – y lo primero que hacíamos, luego de buscar una mesa cerca al escenario, era pedir un par de vasos de “kamino a la ruina”, una bebida embriagadora y fatal, que bebíamos de forma obligada en el Kami, y que la gente solía confundir al verlas sobre nuestra mesa con caporales de chicha o frutillada. El Kamino solía hacer honor a su buen nombre ya que con un vaso estábamos empilados, pero con dos ya estábamos definitivamente “Kamino a la Ruina” (o al menos yo que nunca fui muy bueno bebiendo).
Toda canción tiene su momento, su lugar, y definitivamente esta genialidad tiene el suyo en las noches de juerga de mi Cusquito, en el Kami Kase, con mi gentita y – ¡no podía faltar! – su caporal de Kamino en la mano. La primera mitad del show era, como decían los Arco Iris, de la cintura para arriba, y la segunda… pues… pa’ lo que faltaba! de modo que siempre terminaban el show con “Paucartambo” o “Maranura” o una selección de huaynitos entrañables, de esos que te hacen sacar chispas del suelo al bailar.
Quiero q siempre recuerdes
lo que vivimos un dia
que cada vez que ries rio contigo mi amor
Y no te olvides de algo
que se adivina en la vida
y es que la vida misma es un milagro de amor.
…
